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Cambio climático en Chile: Efectos en sequías, incendios y lluvias

¿Cómo afecta el cambio climático a Chile (sequías, incendios, lluvias)?


El cambio climático ya está alterando los patrones del tiempo y los riesgos naturales en Chile. Por su amplia extensión latitudinal —más de 4.000 km desde el extremo norte hasta el extremo sur— y por la complejidad de su geografía (desiertos, la cordillera de los Andes, valles centrales y bosques australes), el país afronta efectos diversos: en el norte y centro se intensifica la aridez, en las zonas de clima mediterráneo aumentan la recurrencia y severidad de los incendios, y en el sur y en ciertas cuencas las precipitaciones se vuelven más extremas y cambiantes.

Marco físico: cómo modifica el clima los elementos hidrometeorológicos

El calentamiento global modifica tres factores esenciales que ayudan a comprender sequías, incendios y lluvias extremas:

  • Temperatura: el incremento sostenido de la temperatura media intensifica la evaporación y la evapotranspiración, lo que reduce la humedad del suelo y limita la disponibilidad de agua en superficie.
  • Patrones de precipitación: las variaciones en la circulación atmosférica reubican frentes y zonas de convergencia, generando descensos de lluvia en ciertas áreas y episodios de precipitaciones muy fuertes en otras.
  • Variabilidad y extremos: las fluctuaciones climáticas (Eventos El Niño/La Niña y la modulación atmosférica) junto con el calentamiento impulsan la aparición de fenómenos extremos —desde lapsos prolongados de escasez hídrica y olas de calor hasta episodios convectivos intensos— que incrementan el peligro de incendios y de inundaciones súbitas.

Sequías: alcance, mecanismos y efectos

  • Manifestaciones: en Chile se observa una persistente disminución de precipitaciones y un alargamiento de periodos de déficit hídrico, especialmente en la zona centro-norte y el centro del país. La combinación de menor precipitación y mayores temperaturas produce una escasez hídrica tanto en acuíferos como en cursos superficiales y embalses.
  • Tipos de sequía: la sequía puede ser meteorológica (falta de lluvia), agrícola (déficit en humedad del suelo que afecta cultivos) o hidrológica (bajos caudales en ríos y baja recarga de embalses y acuíferos). En muchas cuencas chilenas se han superpuesto estos tres tipos.
  • Impactos en agua y energía: la generación hidroeléctrica se reduce con caudales más bajos; la minería y el riego compiten por recursos hídricos; comunidades rurales y pueblos indígenas ven comprometido su acceso al agua. La menor disponibilidad hídrica obliga a priorizar usos y a recurrir a medidas costosas (desalinización, transporte de agua).
  • Impactos agrícolas: pérdidas de rendimiento en frutales, cereales y hortalizas; mayor costo de riego; adopción forzada de cultivos menos intensivos o de sistemas de riego tecnificado y agua subterránea.
  • Ejemplo de megasequía: durante la última década se ha documentado un periodo extenso de déficit hídrico en la zona centro-norte y centro de Chile que los medios y la comunidad científica han denominado “megasequía”. Sus efectos se han traducido en descenso prolongado del caudal de ríos emblemáticos, restricciones de riego y un aumento del estrés hídrico en ecosistemas mediterráneos.

Incendios forestales: origen, condiciones climáticas y efectos resultantes

  • Factores climáticos que favorecen incendios: temperaturas elevadas, periodos prolongados de sequía, menor humedad ambiental y vientos persistentes y áridos generan un entorno altamente propenso al surgimiento y la rápida expansión del fuego. La presencia de biomasa seca junto con fenómenos meteorológicos extremos incrementa la probabilidad de incendios de gran magnitud.
  • Dinámica de propagación: en zonas mediterráneas del centro y centro-sur, la vegetación característica, como matorrales y bosques mixtos, funciona como combustible. La aparición simultánea de varios focos complica el control y la labor de extinción.
  • Impactos sociales y ecológicos: destrucción de viviendas e infraestructura, evacuaciones, pérdida de vidas, deterioro de la calidad del aire por partículas finas con efectos en la salud, desaparición de hábitats y reducción de la capacidad de retención de agua debido a la pérdida de cobertura vegetal.
  • Incidentes representativos: en los últimos años se han registrado temporadas de incendios de gran extensión en el centro y sur de Chile que devastaron amplias áreas forestales, afectaron a comunidades rurales y disminuyeron la resiliencia de las cuencas. Estos sucesos reflejan la interacción entre la sequía previa y episodios de viento y calor intensos.
  • Post-incendio: la desaparición de la vegetación favorece la erosión y el aumento de la escorrentía, lo que incrementa el riesgo de aluviones y de acumulación de sedimentos en ríos y embalses durante lluvias posteriores.

Lluvias intensas y eventos hidrometeorológicos extremos

  • Cambio en la intensidad y frecuencia: en diversos sectores del sur y de la zona austral se ha registrado un incremento en la fuerza de los episodios lluviosos, lo que deriva en inundaciones, desprendimientos de tierra y afectación de la infraestructura. En contraste, el norte puede enfrentar precipitaciones inusuales que, por su rareza, desencadenan aluviones en terrenos poco adaptados.
  • Consecuencias hidráulicas: precipitaciones concentradas en intervalos breves originan crecidas súbitas en cuencas pequeñas, fallas en sistemas de drenaje urbano y afectación de caminos y puentes. La disminución de la vegetación tras incendios eleva la propensión a deslizamientos.
  • Ejemplos locales: eventos de lluvias intensas en áreas del norte, como valles interiores y oasis, han generado aluviones y daños en obras de infraestructura, mientras que en el sur los temporales han provocado inundaciones y desplazamientos de comunidades. En centros urbanos como Santiago, precipitaciones fuertes producen anegamientos y problemas en la red de alcantarillado en zonas urbanas con mínima capacidad de infiltración.

Efectos sectoriales en la economía, la salud, la biodiversidad y el ámbito social

  • Agricultura y seguridad alimentaria: menor disponibilidad y mayor incertidumbre del recurso hídrico afectan rendimientos y la planificación agrícola. Fruticultura, viñedos y cultivos hortícolas son vulnerables a sequías y a heladas asociadas a cambios de patrón climático.
  • Sector energético: la menor disponibilidad de agua afecta plantas hidroeléctricas y también la refrigeración de centrales termoeléctricas. La intermitencia de recursos y la demanda creciente por sistemas de riego aumentan la presión sobre la matriz energética.
  • Salud pública: olas de calor y humo de incendios incrementan problemas respiratorios y de mortalidad en grupos vulnerables. La inseguridad hídrica y la falta de agua potable pueden producir brotes de enfermedades.
  • Biodiversidad y ecosistemas: retroceso de glaciares andinos, estrés hídrico en bosques esclerófilos y pérdida de humedales costeros afectan especies endémicas y la provisión de servicios ecosistémicos (purificación de agua, protección costera).
  • Impacto social y movilidad: pérdida de medios de subsistencia rurales, migraciones internas desde zonas rurales afectadas por sequía o incendios, y aumento de conflictos por el uso del agua entre sectores (minería, agricultura, domesticidad).

Estudios de caso y evidencia local

  • Megasequía del centro-norte: un extenso periodo con marcado déficit de lluvias en diversas cuencas del centro y centro-norte generó una merma constante en los caudales, presión sobre los acuíferos y limitaciones en el riego. Las autoridades implementaron racionamientos, ajustaron la operación de los embalses y fomentaron un mayor uso de fuentes alternativas de abastecimiento hídrico.
  • Temporadas severas de incendios: sucesiones de jornadas extremadamente calurosas y con muy baja humedad derivaron en incendios de amplia extensión que dañaron bosques nativos y plantaciones, obligaron a evacuar a numerosas comunidades y dejaron impactos prolongados en la configuración del paisaje y en las actividades económicas locales.
  • Lluvias extremas en zonas áridas: eventos de precipitación muy intensa en áreas del norte han puesto en evidencia la fragilidad de ciertas infraestructuras urbanas y mineras, desencadenando aluviones y movimientos en masa que ocasionan perjuicios materiales y la interrupción de rutas y accesos.

Perspectivas: lo que podría anticiparse si las tendencias vigentes se mantienen

  • Aumento de temperatura: se anticipa un alza generalizada de las temperaturas medias en todo el país, con olas de calor más prolongadas y noches que perderán frescura.
  • Reducción de lluvia en el centro y norte: los modelos climáticos apuntan a una disminución de las precipitaciones en la franja mediterránea y centro-norte, lo que intensificará la falta de recursos hídricos.
  • Mayor intensidad de lluvias en el sur y eventos extremos: es posible que las lluvias se agrupen en episodios más fuertes pero menos habituales, elevando el riesgo de inundaciones en áreas concretas.
  • Incremento del riesgo de incendios: un escenario más cálido y árido amplía el periodo de exposición a incendios y eleva la probabilidad de temporadas especialmente críticas.

Medidas de adaptación y mitigación aplicables en Chile

Adaptación (reducción de vulnerabilidad)

  • Gestión integrada del agua: organización por cuencas, defensa de los acuíferos, implementación de recarga artificial, operación conjunta de embalses, ajustes tarifarios y ordenamiento de los usos prioritarios.
  • Infraestructura resiliente: proyección de sistemas de drenaje urbano, construcción de obras para controlar crecidas, adecuación de caminos y puentes frente al cambio climático y disposición de almacenamientos estratégicos de agua.
  • Agricultura climáticamente inteligente: aplicación de riego por goteo, empleo de variedades resistentes a la sequía, gestión integrada del suelo y técnicas de conservación para elevar la capacidad de retención hídrica.
  • Manejo del fuego: prevención mediante la gestión del paisaje (cortafuegos y restauración de zonas ribereñas), detección anticipada, participación de brigadas locales formadas y ordenamiento territorial que reduzca la vulnerabilidad de las viviendas.
  • Restauración de ecosistemas: reforestación con especies nativas adaptadas, resguardo de humedales y fortalecimiento de corredores biológicos que refuercen la resiliencia hidrológica.

Mitigación (reducción de emisiones)

  • Descarbonización acelerada del sistema eléctrico: retiro temprano de centrales a carbón, mayor despliegue de energía solar y eólica con soluciones de almacenamiento mediante baterías y sistemas de bombeo, junto con una red de transmisión modernizada y herramientas de flexibilidad apoyadas en la respuesta a la demanda.
  • Hidrógeno verde y combustibles sintéticos: desarrollo de hubs en Antofagasta, Atacama y Magallanes destinados a impulsar la descarbonización de la minería, el transporte de carga, los puertos y procesos industriales que presentan baja viabilidad de electrificación directa.
  • Electrificación del transporte: incorporación de buses eléctricos en más urbes, ampliación de corredores BRT, estímulos para flotas de reparto y taxis eléctricos, además de una red interoperable de carga a nivel nacional y criterios obligatorios de recarga en edificaciones nuevas.
  • Eficiencia energética transversal: exigencia de estándares mínimos de desempeño para diversos equipos, impulso a la gestión energética en pymes, renovación de sistemas de iluminación y motores, y aplicación obligatoria de medición y verificación (M&V) en iniciativas públicas.
  • Vivienda y calefacción limpia: implementación de un amplio programa de aislación térmica, certificaciones de eficiencia para nuevas construcciones y reemplazo del uso de leña húmeda por bombas de calor y pellet certificado en áreas con alta contaminación.
  • Mitigación en minería: electrificación de operaciones, uso de camiones trolley o con baterías, contratos PPA con energías renovables, aprovechamiento de calor residual y captura o utilización de metano presente en relaves y distintos procesos.
Por Larura Infantino Costa

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